La maternidad es un regalo de Dios.

 

Si eres mujer, además de haber sido creada para vivir en comunión con el Señor, conociéndole y deleitándote en Él, también fuiste diseñada para dar vida y llenar la tierra de personas que amen y teman al Señor. Y sé que esto no es lo que solemos escuchar, pero es la verdad. Vivimos en un mundo donde el concepto de maternidad ha sido distorsionado y cada día vemos un mayor número de mujeres evitando el maravilloso regalo de ser mamá, en lugar de abrazar el diseño de Dios en sus vidas.

Quizás esta idea te suena un poco descabellada. Si no eres mamá probablemente pienses en el sacrificio que esto requiere y que no has viajado lo suficiente, o que aún te faltan metas por lograr y disfrutar un poco más tu vida. Y si eres mamá quizás estés pensando en lo difícil que es la maternidad, ya no sabes cómo hacer con tus hijos y ahora una loca en el internet te está diciendo que esto es lo más hermoso y maravilloso que te puede pasar.

Pensamos así porque hemos permitido —incluso como cristianas— que el mundo tenga una mayor influencia en como vemos la maternidad y el propósito de la mujer. Pero mira lo que dice la Palabra:

“Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla…” Génesis 1:28

“Un don del Señor son los hijos,
Y recompensa es el fruto del vientre.” Salmos 127:3

La maternidad es difícil y, sí, requiere sacrificio y morir al yo, pero eso no significa que este mal. Debemos aceptar y vivir con gozo y gratitud el regalo de la maternidad.

Suelo bromear diciendo que Dios quería enseñarme a morir a mí misma y me dio una hija (por si acaso, anhelo tener más). Y es que, aunque la maternidad es un regalo, cuando damos vida y criamos, nos toca morir diariamente al «yo». Toca sacrificar nuestros planes, nuestros sueños —y también nuestro sueño—, nuestro tiempo y, en fin, nuestra vida. Pero es la labor más hermosa que podemos tener: criar hijos para la gloria de Dios, instruirlos en Su Palabra y que le sirvan a Él.

Piénsalo por un momento. ¿No te parece hermoso que Dios nos haya escogido para esta maravillosa labor?

Y mientras hacemos eso, Dios nos moldea y trabaja en nosotras de una manera especial para hacernos cada vez más semejantes a Él. Nos muestra que sus planes son mucho mejores y que solo viviendo en Su voluntad encontramos plenitud.

Aunque seas soltera, o si Dios en Su soberanía no te ha concedido hijos, de igual manera eres llamada a dar vida, ya sea discipulando, sirviendo en tu iglesia local, apoyando a niños y jóvenes, visitando a los enfermos, o ayudando y acompañando a quienes atraviesan necesidad. Son muchas las maneras de hacerlo, pero sin duda es un don que Dios ha depositado en ti.

De nuevo, sé que esto, en un mundo donde se valoran más los logros, la profesión que tengas y sentirte bien contigo misma, puede sonar absurdo, pero nos toca decidir si seguimos siendo moldeadas por el mundo o si somos moldeadas por la Palabra de Dios y decir: ¡que privilegio ser mamá!, si eso es lo que Dios tiene preparado para ti. Y no solo por decirlo, sino realmente sentirlo y vivirlo.

Fotografía de Alisandra Jiménez, 2024.

Fotografía de Alisandra Jiménez, 2024.

 
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