La comparación te roba el gozo

 

¿Alguna vez te ha pasado que todo lo que tienes pierde su brillo y deja de ser suficiente cuando lo comparas con lo que otros tienen?

Hace varios años escuché esta frase: “la comparación te roba el gozo”. Desde entonces, siempre viene a mi mente en los momentos que comienzo a compararme y a perder el gozo por la vida y las cosas que, en Su gracia y soberanía, Dios ha decidido darme.

Todos hemos pasado por esto. Algunos nos comparamos más y otros menos, pero nadie se escapa. Bastan solo unos minutos en las redes sociales para comenzar a compararnos con el éxito y los avances de otros, o ver el ministerio y los logros de otros y menospreciar la obra que Dios está haciendo en nuestra propia vida.

Te suena familiar, ¿cierto?

El problema es que, sin darnos cuenta, dejamos de confiar en que Dios sabe exactamente lo que necesitamos y cuestionamos Su bondad y Su soberanía. Comenzamos a vivir con una falta de gratitud, olvidando lo que Dios ya ha hecho por nosotros. Olvidamos que, de no haber sido por Su amor y misericordia, ¿dónde estaríamos hoy?

Cuando no reconocemos que Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros y no vemos lo que ya nos ha concedido, empezamos a ver lo que otros tienen y abrimos la puerta a la ingratitud, y con ello vienen los celos, la envidia y, sin duda, el descontento.

Pero cuando fijamos nuestra mirada en Jesús, somos trasformados por la Verdad y podemos descansar en Su amor, Su voluntad y Su soberanía para con nosotros. Entendiendo que, si lo tenemos a Él, lo tenemos todo, y que nuestra alma y nuestros anhelos solo pueden ser llenos y satisfechos en Él.

En lo personal puedo decirte que no es tan fácil. Mantener nuestros ojos puestos en Jesús —en la cruz— requiere constancia e intencionalidad, porque en cuanto desviamos un poco la mirada, fácilmente caemos en la comparación y dejamos de ver las innumerables riquezas y bendiciones que ya tenemos en Él. Pero Dios mismo nos ayuda en nuestra debilidad.

Incluso no estando donde queremos estar y sin tener la vida que, según nosotros, merecemos o deseamos, Dios nos ha dado más que suficiente para vivir agradecidos hoy y siempre.

No quisiera extenderme más con esta nota, pero sí quiero animarte a que, a partir de hoy, puedas ser intencional en practicar la gratitud, llevando un diario en el que cada día anotes 20, 30 o 40 bendiciones y todo aquello por lo que estás agradecido.

Es muy probable que también debas incluir algunas cosas o situaciones que no son de tu agrado, pero que, sin duda, Dios las usa para moldearte y forman parte de Su perfecta, agradable y buena voluntad, “y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obran para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito.” (Romanos 8:28)

Entonces, antes de pensar en lo que te falta, pregúntate: ¿Por qué puedes dar gracias hoy?

Photo by Loren Gu on Unsplash

Photo by Loren Gu on Unsplash

 
Next
Next

Busca primero a Dios