Busca primero a Dios

 

Me gusta salir a caminar y disfrutar de la naturaleza. Cuando lo hago, siempre observo las aves, lo tranquilas y despreocupadas que viven, y me pregunto: ¿si tan solo pudiéramos los seres humanos vivir así? Pero tenemos tantas ocupaciones y responsabilidades que parece imposible incluso fantasear con la idea de una vida libre de tanto trabajo, prisas, preocupaciones y afanes del día a día.

Es una realidad que muchos vivimos sobrecargados de trabajo y angustiados por lograr pagar nuestros gastos esenciales —y quizás también algunas deudas—. Muchas veces incluso toca buscar un segundo o tercer empleo porque uno no es suficiente para suplir los gastos que tenemos mes a mes. A veces la razón es que estamos desorganizados con nuestras finanzas o incluso queriendo tener un estilo de vida con ciertos lujos que no siempre resultan lo más sabio y saludable.

Lo triste de esto es que en el camino perdemos de vista lo más importante y lo único que verdaderamente nos satisface: nuestra relación con Jesús. ¿Será posible que por eso Mateo 6:24 dice: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas”?

Porque nos enfocamos tanto en el trabajo, en los gastos y las deudas que hay que pagar, o en tener suficiente dinero en la cuenta bancaria, que poco a poco vamos dejando a Dios a un lado, poniendo más nuestra confianza en el trabajo y en asegurarnos de tener suficiente dinero en la cuenta—aunque nunca parece ser suficiente— y no en el Dios que nos sostiene y nos provee de todo lo que necesitamos.

Y ojo, no estoy diciendo que trabajar esté mal, mucho menos cuando tienes una familia que alimentar y proveerles de lo esencial. Pero si tu trabajo no te deja respirar, no te permite tener una relación con tu Creador y, al contrario, vives afanado, cargado y preocupado, dependiendo de tus propios esfuerzos, entonces sí es momento de hacer una pausa, evaluar y ver lo que dice la Palabra.

Por eso les digo, no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?” (Mateo 6:25-26)

Entonces, ¿por qué vivir tan preocupados?

No hay nada que tengas que no te haya sido dado por Dios —incluso si te has esforzado lo suficiente para lograr lo que tienes y estar donde estás—. TODO, absolutamente todo lo que tienes es porque Dios te lo ha provisto.

Dios conoce tus necesidades y Él las suple. Siempre nos provee con todo y, me atrevo a decir, con mucho más de lo que necesitamos.

Por eso, en lugar de vivir confiando en nuestros propios esfuerzos y en la cuenta bancaria, en lugar de vivir afanados y con prisas, sin disfrutar ni siquiera de nuestra familia y seres queridos, “más bien, busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia, confiando en que todas estas cosas nos serán añadidas.” (Mateo 6:33, paráfrasis personal)

 
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